PRESENTACIÓN
DEL LIBRO
DIVÁN
DE SUEÑOS
Este
tercer libro DIVÁN DE SUEÑOS, da existencia al primero, CONTANDO
PIEDRAS
y al segundo, ATRAVESANDO SOMBRAS, inaugurando una temporalidad
poética
propia, donde Carlos Fernández da cuenta de que ha leído y también qué y cómo
ha
leído.
¿Ha
leído y ha sido leído?.¿ Ha transformado su posición en el lenguaje?. ¿Ha
transformado
su relación con el saber?. Ese saber que nos agarra porque nosotros
mismos
no somos sino una relación con el saber, ese saber que queda articulado en cada
poema.
DIVÁN
DE SUEÑOS está estructurado en dos sesiones poéticas; El corazón es un fruto
sin
hueso y La piel, esa distancia de las palabras.
Busquemos
quién es Ella en este libro, cómo se desplaza haciendo surgir sentidos
inusuales,
sentimientos improbables. En el poema Catálogo de un hombre invisible, Ella
surge
para dar sentido a un hombre variado y polimorfo, cuatro versos finales abren un
sentido
inusual y un sentimiento improbable sin ellos:
"¿Y
usted, Fernández/ alguna vez sostuvo/ en un verso/ los ojos de una mujer.?",
donde
la
poesía avisa al que escribe que sin Ella, poesía o mujer, no hay humano, sólo
un catálogo
de seres de sustancia que "los ojos de una mujer" vacían de
contenido, y lo hace
significante humano, haciendo surgir el hombre del deseo, el hombre invisible.
En
otro poema. He viajado tanto que... escribe que "ellos miran lo que no
ven" refiriéndose
a los ojos y mostrando la separación entre ver y mirar, entre ojo y mirada,
situando
la mirada en el nivel del deseo.
El
hombre es siempre un malentendido, una ficción significante, por eso que no
cesamos
de no entenderlo, y no cesaremos, porque forma parte de su propia estructura
significante.
Azul
es un rasgo significante que representa a Rubén Darío para la poesía, y azul
es el
significante
que se reitera en al menos tres de los poemas de Carlos Fernández, algo
que
parece indicar la dirección de su deseo: que la poesía sea el límite de sus
poemas.
'Todo
es azul,/ hoy brilla hasta el charol." Como si dijera todo es poesía, con
poesía
brilla
hasta la palabra charol, pleonasmo que sorprende en la reiteración, y hace
surgir su
poder significante.
En el poema "Renuncio a tu carne" encontramos los
versos: "Renuncio a tu carne./ No
al cuerpo.", donde se muestra que cada poema mantiene
su propia trama y como página está anudada a otras páginas haciendo un libro con su
propia indicación de lectura.
El libro concluye con el poema que da título a la primera
sesión poética, y digo sesión
porque el título del libro es un punto de congruencia, un
punto de almohadillado. Diván de sueños es un libro, lo cual indica que se trata de sueños
de poeta puesto que son
sueños no sólo hablados sino escritos, sueños donde la
función poética ha impuesto su ley.
En
el poema "Distancias anejas" vemos desplazarse el tiempo que somos.
(Pág.
36)
DISTANCIAS
AJENAS
¡Cuántas
olas de océano transparente
crucé!
¡Cuántos barcos silbaron
esta mudanza!
¡Qué ebrios los corazones aplaudían!
¡Qué
trenes, aquellas vías
vacías de gente¡
¡Qué augurio, las sirenas sin brazos!
Otro
contorno, otra brazada
y la orilla,
no se dibujaba.
¡Cuántas
despedidas de luz!
¡Qué sinfonía la lluvia de pétalos ausentes!
¡Cuánta orilla quieta de cintura!
¡Qué movedizo el margen lento!
¡Cuántos trenes no pasaron!
Qué
nunca el ayer.
"¡Qué
nunca el ayer!", versos concisos y contundentes, y también personajes recónditos,
cerrados
al deseo, apresurados en su manifestación, buscando castigo para eludir que
somos
fragmentos de amor que sólo se unen al conjuro del deseo. Otras veces los
personajes
están hechos de palabra.
En
este libro el poeta se somete al mandato social de prestar su voz a la poesía
para que
el
poema sea esa voz debida a ella, y sus poemas hablan de la búsqueda del ser
hablante que
somos, o bien por la vía de la imagen que nos da el yo o bien por la vía del
deseo donde no hay imagen que no sea encubridora.
La
piel, esa distancia de las palabras, esa distancia entre el poema , el poeta y
el escritor,
poema
que cierra abriendo nuevos sentidos para la lectura de este libro, momento de concluir
el movimiento que hace volver, una vez más, al comienzo: "El corazón es
un
fruto
sin hueso" y esta vez el libro es un fruto sin hueso.
Gracias
y felicidad, para que sigas ejerciendo el verbo escribir.
Amelia
Díez Cuesta