Presentación de “No recuerdo el futuro”, de Carlos Fernández del Ganso.
Alcalá, 8 de octubre de 2006
Con el acto para el cual les hemos convocado hoy, empezamos a celebrar el 20
aniversario del Grupo Cero en Alcalá de henares, y qué mejor manera que
presentando un libro de poesía, cuyo autor trabaja como psicoanalista del Grupo
Cero, en Alcalá de Henares, desde hace, exactamente, 20 años. Para
reconocer el presente, estamos recordando el pasado y, hoy, el poeta nos propone
dar un paso más: “No recuerdo el futuro” es el título que eligió para su cuarto
libro de poesía.
Se trata de una imagen, el libro está repleto de ellas. La imagen es
una combinación de palabras de manera tal que representen ideas, conceptos,
intuiciones o sensaciones que el poeta quiere transmitir, y que carecen de
corporeidad sensible.
Así, de algo tan intangible como el silencio, escribe: “esperaré
paciente/ que mude de piel su silencio” o “el silencio de tus ojos cerrando el
mar” o “caemos presos en un silencio de rejas” o esos impresionantes “dardos
envenenados con siete puntas del calibre silencio.
Sabemos que el poeta y el hombre que le presta su cuerpo, no son
exactamente lo mismo, pero también sabemos que la poesía sólo necesita, para ser
escrita, una hoja en blanco y, si esa hoja en blanco es la propia vida del
poeta, mejor. El poema Mercado de San José, es la puesta en acto de esa frase y,
a mi entender, el que, en su última estrofa, contiene la imagen más completa:
“Yo, que no soy yo, esperé el milagro del calamar,/ tinta que tantas veces
extraje con mis manos/ para pintar la noche de colores/ y cantar de aquel
pescador de tierra adentro/ que, con tiempo del alma, se hizo médico.”
Se hizo médico y su poesía nos lo cuenta: cartílago, tendones,
ectodermo, médula, el tiempo de la víscera, la oquedad del laringoscopio, la
piel como túnica del futuro y esa décima vértebra, que siempre es la dorsal.
Además, hay un poema titulado “El estómago”.
Pero volvamos a esa pequeña joyita de la condensación,“el milagro del calamar”: un milagro producido con tiempo del alma donde, en cuatro palabras, está el pasado (el pescadero) y el presente (el poeta), unidos, y también separados, por una relación diferente con la tinta, muy fuerte en ambos casos.
Porque este escritor, que ambiciona “siete mil poemas de altura por
kilómetro” y desprecia a “los historiadores de lápiz torcido”, está dispuesto a
pagar, humildemente, el precio de la escritura: su tiempo, su vida, cuando “se
desnudan cada vuelta de tuerca los minutos/ quedando estas cenizas, pegadas al
papel.”
Hay, también, rastros del psicoanalista en este libro. Primero, los cuatro infinitivos (hablar, escribir, leer y amar), donde se pone en juego el deseo del sujeto en su relación con el mundo. Y, después (y ya para terminar), en el poema que da título al libro, No recuerdo el futuro, un consejo: “matar por la boca es lo más sencillo” así que, mejor, “hablar aunque sea torcido,/ de ese trocito de pestaña viva/ con la que poder hacerle a la vida/ un guiño más.”
Carmen Salamanca Gallego