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PRESENTACIÓN DEL LIBRO

NO RECUERDO EL FUTURO

Alcalá, 8 de octubre de 2006


Las poetas Alejandra Menassa y Carmen Salamanca presentando el libro
"No recuerdo el futuro" de Carlos Fernández del Ganso

Con el acto para el cual les hemos convocado hoy, empezamos a celebrar el 20 aniversario del Grupo Cero en Alcalá de henares, y qué mejor manera que presentando un libro de poesía, cuyo autor trabaja como psicoanalista del Grupo Cero, en Alcalá de Henares, desde hace, exactamente, 20 años.  Para reconocer el presente, estamos recordando el pasado y, hoy, el poeta nos propone dar un paso más: “No recuerdo el futuro” es el título que eligió para su cuarto libro de poesía.

Se trata de una imagen, el libro está repleto de ellas. La imagen  es una combinación de palabras de manera tal que representen ideas, conceptos, intuiciones o sensaciones que el poeta quiere transmitir, y que carecen de corporeidad sensible.

Así, de algo tan intangible como el silencio, escribe: “esperaré paciente/ que mude de piel su silencio” o “el silencio de tus ojos cerrando el mar” o “caemos presos en un silencio de rejas” o esos impresionantes “dardos envenenados con siete puntas del calibre silencio.

Sabemos que el poeta y el hombre que le presta su cuerpo, no son exactamente lo mismo, pero también sabemos que la poesía sólo necesita, para ser escrita, una hoja en blanco y, si esa hoja en blanco es la propia vida del poeta, mejor. El poema Mercado de San José, es la puesta en acto de esa frase y, a mi entender, el que, en su última estrofa, contiene la imagen más completa: 

“Yo, que no soy yo, esperé el milagro del calamar,/ tinta que tantas veces extraje con mis manos/ para pintar la noche de colores/ y cantar de aquel pescador de tierra adentro/ que, con tiempo del alma, se hizo médico.”    

Se hizo médico y su poesía nos lo cuenta: cartílago, tendones, ectodermo, médula, el tiempo de la víscera, la oquedad del laringoscopio, la piel como túnica del futuro y esa décima vértebra, que siempre es la dorsal. Además, hay un poema titulado “El estómago”.     

Pero volvamos a esa pequeña joyita de la condensación,“el milagro del calamar”: un milagro producido con tiempo del alma donde, en cuatro palabras, está el pasado (el pescadero) y el presente (el poeta), unidos, y también separados, por una relación diferente con la tinta, muy fuerte en ambos casos.

Porque este escritor, que ambiciona “siete mil poemas de altura por kilómetro” y desprecia a “los historiadores de lápiz torcido”, está dispuesto a pagar, humildemente, el precio de la escritura: su tiempo, su vida, cuando “se desnudan cada vuelta de tuerca los minutos/ quedando estas cenizas, pegadas al papel.” 

Hay, también, rastros del psicoanalista en este libro. Primero, los cuatro infinitivos (hablar, escribir, leer y amar), donde se pone en juego el deseo del sujeto en su relación con el mundo. Y, después (y ya para terminar), en el poema que da título al libro, No recuerdo el futuro, un consejo: “matar por la boca es lo más sencillo” así que, mejor, “hablar aunque sea torcido,/ de ese trocito de pestaña viva/ con la que poder hacerle a la vida/ un guiño más.”

Carmen Salamanca Gallego