LOS FAMILIARES DE LOS ENFERMOS
Es un hecho comprobado que la asistencia a un enfermo, desempeña un importante papel en la génesis de afecciones psíquicas y perturbaciones físicas, en aquellos casos que precisan de los familiares una dedicación casi exclusiva.
Ciertas enfermedades crónicas, alguna situación de invalidez, ancianos y niños precisando atención personal diaria, suceden en casi todas las familias.
Y más allá de la complejidad de cada caso y la política sanitaria que asesora a los familiares poniendo los medios posibles al alcance, además de todo el apoyo de amigos, sabemos que la implicación de algunos familiares en la atención y cuidado personal del enfermo, repercute sobre cualquier función anímica y vegetativa del “enfermero”.
La persona cuyo pensamiento se haya absorbido durante meses enteros por los mil y un cuidado que impone la asistencia a un enfermo se habitúa, en primer lugar, a reprimir todas las manifestaciones de su propia emoción, y en segundo, aparta su atención de todas sus impresiones personales, pues la falta tiempo y energía para atender a ellas. De este modo almacena el enfermero una multitud de impresiones susceptibles de afecto, apenas percibido por él, pero si recibidas por el aparato psíquico y sistema de defensa del cuidador. Creándose así un material de retención (emociones censuradas, sentimientos parentizados y conversaciones reprimidas) que por no ser derivado adecuadamente por vía psíquica, pueden alcanzar una resolución somática o rebosamiento psíquico, afectándose en ambas circunstancias tanto la salud física como la psíquica.
Si el enfermo sana, queda todo este material desvalorizado; pero si muere, sobreviene un periodo de tristeza y luto, durante el cual sólo aquello que se relaciona con el desaparecido posee un valor para el superviviente. Entonces llega la hora de las impresiones retenidas, que esperan una derivación, y después de un intervalo de agotamiento puede surgir en el familiar, que atendió a pie de cama al enfermo, una dolencia.
Bien cierto es que ninguna de estas afecciones presenta, una relación casual, con la dolencia del ser querido enfermo. También podemos afirmar que en situaciones similares o en aquellos casos que fueron atendidos por varios familiares turnándose en la función, puede alguno de ellos ser más susceptible a una dolencia o presentar una tolerancia diferente de sus funciones vitales.
Ya la medicina antigua procuraba lugares y acompañantes para los enfermos y a lo largo de la civilización se han ido perfeccionando los medios empleados en la terapéutica, pero es desde principios del siglo XX cuando el psicoanálisis formula por primera vez en la historia de la civilización: la existencia del psiquismo como inconsciente, es decir una implicación del sujeto con lo que le sucede, a través de complejos mecanismos, operaciones y sistemas que conforman el aparato psíquico.
Ahora sabemos de la existencia en el sujeto psíquico de la culpa como sentimiento, del beneficio extraordinario que puede tener el remordimiento, del complejo entramado de ambivalencia afectiva de amor y odio, de la primitiva envidia capaz de maltratar en el sujeto lo más querido, de las ideas suicidas ante el dolor de la infinitud y un largo elenco de afectos que pueden cursar, resolviéndose, como síntomas en el cuerpo o en el alma. Con el alma no se puede acabar, pero si se puede analizar.
Y no hay acuerdo posible universal sobre lo familiar, de ahí la infinidad de dioses y la imposible relación de cada amante, en el amor, con lo amado.
HIPERTENSIÓN ARTERIAL
La hipertensión arterial, es uno de los problemas de salud pública más importante en los países desarrollados. Es una enfermedad frecuente, muchas veces asintomática, fácil de diagnosticar pero en ocasiones difícil de tratar.
La mayor parte de los casos (90% - 95%) la causa de la Hipertensión Arterial es desconocida, llamándosela Hipertensión Idiopática o Esencial. Del 5 al 10% restante presenta una causa específica que suele corresponder con patología: cardiaca, renal, endocrina o neurogénica.
Todos los textos especializados destacan que el 95% de los pacientes reciben un tratamiento empírico o sintomático, es decir destinado a disminuir las cifras tensionales sin valorar al sujeto que padece el cuadro y que circunstancias pueden acompañarlo.
El pronóstico de esta dolencia es fundamental, ya que afecta a diferentes órganos pudiendo llevar incluso a la muerte, con lo que el tratamiento correcto mejora el pronóstico de la enfermedad.
Queremos llamar la atención sobre el dato que remarca el desconocimiento de las causas en el 90% de los casos y a lo frecuente que resulta encontrar en consulta el relato por parte del paciente de situaciones diversas con la coincidencia general de: nerviosismo, estrés, ansiedad, exceso de responsabilidad en el trabajo, manifestaciones todas ellas de sentimientos inconscientes de culpa, que hablan en todos los casos de una problemática psíquica, la mayor parte de las veces no tenida en cuenta en el tratamiento, ya que la terapia farmacológica (necesaria por otra parte) y la dieta que se indica, no alcanza para atender el conflicto anímico presente en el 90% de estos pacientes.
EN TODA HIPERTENSIÓN HAY QUE ESCUCHAR EL DESEO.
La moral alcanza hasta donde la mirada nos permite. Míticamente la sangre y en general el estudio de los fluidos corporales fue tabú y en épocas de inquisición más de un investigador que desafiaba las palabras divinas fue repudiado y su obra quemada, recordemos al médico y teólogo Miguel Servet, que se “atrevió” a describir por primera vez el circuito sanguíneo pulmonar, lo que chocaba frontalmente con la ideología imperante en el siglo XVI. Conocimientos que hoy se estudian en todas las Facultades de Medicina, fueron en otro tiempo motivo de disputa científica.
Sabemos que en el proceso fisiológico corporal de la circulación sanguínea intervienen diferentes factores y mecanismos: gasto cardiaco, secreción de hormonas, musculatura lisa de las arterias, filtrado glomerular...y también sabemos que participa en todos los casos el sistema nerviosos autónomo o vegetativo, es decir aquella parte del organismo que presenta una relación directa con el sistema inconsciente. De modo que el aparato psíquico debe ser valorado y tenido en cuenta (como factor etiológico, en el mecanismo etiopatogénico y en todo pronóstico) a la hora de tratar toda Hipertensión.
Como profesionales de la salud mental debemos investigar cual es la tensión sistólica, diastólica (la máxima y la mínima) cual la tensión sexual, la tensión de vivir, la tensión laboral, familiar, y a qué refiere esa Hipertensión en ese paciente en particular y qué se manifiesta en el sistema circulatorio. Otra cuestión a plantearse es por qué unos pacientes responden mejor que otros al tratamiento farmacológico o la compulsión oral (consumo de tabaco, alcohol, comidas) difícil de resolver sin el enfoque adecuado.
El cuerpo es el escenario donde se representa la vida anímica, de modo que cualquier alteración que se manifiesta en el cuerpo, sea de la índole que sea, indica la participación de procesos fisiológicos y psicológicos involucrados en la afección.
Dr. Carlos Fernández
Médico Psicoanalista